Cuaresma, lucha contra "el falso yo". Thomas Keating, O.C.S.O
Cuando este falso yo se da cuenta de que hemos experimentado una conversión y vamos a practicar todas las virtudes que nos hemos propuesto, suelta la carcajada y nos reta diciéndonos -¡Inténtalo!-
En ese punto experimentamos la intensa lucha espiritual en nuestro interior, el dilema entre lo que deseamos hacer y sentirnos que debemos hacer, y nuestra increíble incapacidad de hacerlo. El apóstol Pablo se refiere a esto cuando se lamenta, diciendo:
Y ni siquiera entiendo lo que me pasa, porque no hago el bien que quisiera, sino, por el contrario, el mal que detesto. Ahora bien, si hago lo que no quisiera, reconozco que la Ley es buena; pero, en este caso, no soy yo quien obra mal, sino el pecado que esta dentro de mí. Bien sé que en mí, o sea, en mi carne, no habita el bien. Puedo querer el bien, pero no realizarlo. De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Por lo tanto, si hago lo que no quiero, no soy yo quien está haciendo el mal, sino el pecado que está dentro de mí. Descubro entonces esta realidad: queriendo hacer el bien, se me pone delante el mal que está en mí. Cuando me fijo en la Ley de Dios, se alegra lo íntimo de mi ser; pero veo en mis miembros otra ley que esté en guerra con la ley de mi mente, y que me entrega como preso a la ley del pecado inscrita en mis miembros. ¡Desdichado de mí! ¿Quién me librara de mí mismo y de la muerte que llevo en mí?(Rom. 7:15-24)
Esta visión es el comienzo de la verdadera jornada espiritual. Aceptamos, con el corazón triste, que se trata de una jornada bien larga. Comprendemos que estamos enfrentados con una fuerza sutil que es poderosa y está bien arraigada. Para desmantelar estas escalas de valores y reemplazarlas con los valores del evangelio hace falta algo más que unas cuantas experiencias espirituales. Estas pueden continuar siendo como entretenimientos que nos exaltan si no nos proponemos desarmar el falso yo y practicar las virtudes. Los momentos sublimes espirituales nos proporcionan una mejoría pasajera, pero una vez que pasan nos dejan en el mismo punto donde estábamos al comenzar y con los mismos problemas.
Poco después de que Jesús fue ungido por el Espíritu Santo en el río Jordán, el mismo Espíritu lo condujo al desierto para ser tentado por el demonio. La cuaresma es nuestra lucha con las mismas tentaciones. El desierto bíblico simboliza la confrontación con el falso yo y la purificación interior. Las tentaciones de Jesús estaban dirigidas a cada una de sus necesidades instintivas. No sucumbió ante ellas a pesar de que las experimentó en toda su intensidad. “Nuestro sumo sacerdote no se queda indiferente ante nuestras debilidades, por haber sido sometido a las mismas pruebas que nosotros, pero que a Él no lo llevaron al pecado” (Heb. 4:15).
Thomas Keating, O.C.S.O. “Invitación a Amar”
Buscar
Menu Principal
- MONASTERIO VIRTUAL
- PATROLOGÍA CISTERCIENSE. INICIACIÓN A LOS AUTORES CISTERCIENSES
- Biblioteca Cisterciense
- TEXTOS ESPIRITUALES-ORACIÓN-VOCACIÓN
- Power Point
- Revista Cistercium
- Enlaces de Interes
- Reflexión Semanal
- Nuestro Blog
- Guía del Huesped
- Thomas Merton
- Descargas
- El rincón de Teresa
- PEREGRINO DEL SILENCIO
- Liturgia de las Horas
- Leccionario bienal bíblico-patrístico de la liturgia de las horas
- Himnos Liturgicos (MP3)
Ultimas actualizaciones
-
UNA ESPIRITUALIDAD DESDE ABAJO. El diálogo con Dios desde el fondo de la persona. Anselm Grün y Meinrad Dufner Introducción En la historia de la espiritualidad...
-
¡El gozo de ser un hombre! Este hecho -que soy un hombre- constituye...
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
- 6
- 7


Luego de experimentar esa dualidad, descubro que una amplia fuerza surge y anima a seguir, a continuar sin detenerse demasiado, con la certeza de que siempre llega, que Sirve ante mi una mesa y unge con óleo mi cabeza, frente a ese enemigo, que soy yo mismo.
Debo aceptar la carcajada, con franqueza,
carcajada producida por mi mismo,
que socava mi necesidad de cambio,
que desarma la humildad y la pureza,
y posterga mi sosiego y el vacío.
Debo aceptar esa risa,
aceptar con calma su existencia,
admitir mi miseria y mi pobreza,
con paciente espera en la Esperanza,
la que inunda el alma y no defrauda.
Alcanzar la esperanza pura...
Aceptar aquietados el presente
nutrirnos si nos regala su presencia,
descubriendo tras el velo de la noche inerte,
dibujos de sonidos, de silencios y de nada.
Aceptar la carcajada, intentar sumergidos no escucharla.
Esperar en paz.
Paso a paso llega el regocijo,
lucha interminable de fe pobre,
escasa y a la vez bastante y suficiente.
Siempre es bastante...
Recibimos siempre lo que necesitamos,
aún cuando inmersos en la agonía
y el dolor agudo en el alma,
no nos reconocemos.
Es bastante, para luchar
hasta que la intención traspase el intento,
hasta que la intención deje de ser intención.
Y si bien todo llega en su momento,
ligazón de madurez y de experiencia,
de regalos del cielo y de constancia,
me arrepiento de entregar a la impaciencia mis batallas
y de no haber andado antes el camino.
Como dice un gran amigo con capucha:
bienvenido al combate espiritual,
que comienza en el deseo de Agradarle y no termina,
y recuerda que el camino se hace siempre paso a paso.
¡¡Paciencia y mucha perseverancia!!
Nos cita dos epístolas del apóstol SAN PABLO, para hacernos ver que este choque entre lo que hacemos y lo que queremos hacer, es lo que nos permite conseguir el ser auténticos, el realizarnos plenamente, el imponer nuestra libertad a los condicionantes de nuestra naturaleza y del mundo que nos rodea.Siempre con la ayuda de Dios.
Nuestro verdadero yo, nuestra autenticidad está en seguir a Cristo, para al final conseguir nuestra plenitud en Él.
Thomas Keating es un monje cisterciense norteamericano, que fundo el movimiento de la ORACIÓN CENTRANTE,con objeto de volver a la práctica de la oración de los místicos medievales(LA NUBE DEL NO SABER) PARA INTENTAR LLEGAR A LA RELACION CON EL SER SUPREMO,aislándonos de lo que nos puede estorbar en esta relación.
Un abrazo en Cristo,Agustín.