RETIRO DE ADVIENTO
Caminando hacia lo nuevo.
1.- Mirar el tiempo que comienza como: Tiempo para limpiar la vida. Tiempo para darnos el perdón. Tiempo para ofrecernos posibilidades. Tiempo para superar los miedos. Tiempo para dar nuevas oportunidades al amor. Tiempo para dar con la hondura donde está la belleza. “Dios es la eterna novedad” (San Juan de la Cruz) “Hasta una gota de agua sucia puede reflejar la luna” (Anónimo budista). Un texto clave: “No te extrañes de que te haya dicho: Tenéis que nacer de nuevo. El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene y adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu” (Jn 3,7-8). Palabras sorprendentes de Jesús a uno que tenía la vida hecha. Un relato para los que buscan la magia de la vida: “Un sabio va a dialogar con los obreros que penan en una cantera bajo el calor del día y el peso de la jornada: un trabajo inhumano, un trabajo…Pregunta a cada uno de ellos lo que está haciendo. El primero levanta hacia él una mirada sombría y taciturna y declara: “Bien lo ves tú, pico piedra”. El segundo le mira con ira:”Bien lo sabes tú, me gano la vida”. El tercero, con los ojos llenos de luz, le dice: “¿No lo adivinas? ¡Nunca lo adivinarías! Construyo un templo a mi dios”. Una regla de oro para todo el camino: “No está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho; y así lo que más os despertare a amar, eso haced” (Santa Teresa). Lo nuevo siempre es el amor. Lo nuevo siempre es la entrega de la vida.
2.- ¿Cómo prepararnos para la Navidad? ¿Sentimos el deseo de novedad, de nueva creación, en nuestra interioridad? ¿Por qué no quedarnos con lo que tenemos, apretando el puño para que no se nos pierdan nuestras cuatro monedas? Porque entonces no veríamos la mariposa en la oruga, ni a los hermanos en los próximos y lejanos, ni al roble en el fondo de la bellota. Porque entonces sería cierto aquello del evangelio: “Él tocó la flauta, pero nosotros no bailamos” (Mt 11,16-17). Limitarse a sobrevivir no es Adviento. El Adviento es convertir el gemido hondo en esperanza, la limitación honda en encuentro. El Adviento es la búsqueda del Novio para un encuentro de bodas, con un sorprendente intercambio de regalos: “El llanto del hombre en Dios y en el hombre la alegría” (San Juan de la Cruz). Las pruebas de la vida pueden ayudarnos a entender que necesitamos el encuentro con la novedad, para no vivir el tiempo como algo lineal, ilusorio y agresivo, y encontrar un estilo de vida poético, creativo, amoroso. Son “cosillas en que podemos entender si estamos señores de nosotros mismos” (Santa Teresa). Si no adquirimos capacidad para Dios, perdemos capacidad para ser significativos en un mundo tan complejo como el de hoy. Somos y damos lo que de Dios llevamos. “Para que haya fuentes en el desierto, tiene que haber pozos escondidos en la montaña” (Thomas Merton).
¿Cómo preparar nuestra interioridad para la novedad? ¿Cómo puede ser nuestro Adviento?
3.- En tiempos difíciles, tan dados a cerrar espacios y puertas, el profeta Isaías invita a los que están en el exilio a “ensanchar el espacio de la tienda” (Is 54,2), a superar los lenguajes tocados de escepticismo y de muerte por lenguajes de vida y de esperanza. ¿Locura? ¿Riesgo? ¿Utopía? Abrirse a lo nuevo siempre supone un riesgo, como el del labrador que se atreve a sembrar en la tierra la semilla que tanto necesita su familia (cf Sal 126,6). Ensanchar el espacio no significa despreciar la presente realidad humilde. Al revés, es ahí donde palpita la vida, donde surgen muchos pequeños milagros y hermosas parábolas de la presencia de la Trinidad. Toda vida personal, también la vida comunitaria es “espacio habitado por la Trinidad” (Juan Pablo II). Al rastrear los Advientos de Dios en nuestra realidad humilde, por muy pobre que nos parezca, caminamos hacia la Navidad. El misterio de Dios cabe en una pequeña palabra Abbá oída al balbuceo de los niños, y también nuestra vida, por designio gratuito de Dios, puede ser cuna para la Encarnación. Además, a nuestro alrededor hay muchas comunidades donde se goza, se sufre, se sueña y se llevan a cabo proyectos con amor; son signos de luz que aseguran el camino. Con la tienda ensanchada olvidamos al yo como centro y medida de todo, y esperamos la venida de las gentes con sus gozos y dolores, deseamos la venida de Jesús, que invita a vivir la dinámica del amor. Estamos a la espera de una presencia, con el silencioso deseo de una comunión. No sabemos en qué momento de la noche llegará Aquel que nos trae un nombre nuevo, pero lo que sí sabemos es que “es muy bueno este Bien nuestro” (Santa Teresa).
El Misterio del Adviento en nuestras vidas es el comienzo del fin de todo lo que en nosotros no es todavía de Cristo. Es el comienzo del fin de lo irreal. Y eso es fuente segura de alegría. Thomas Merton.
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