LA COMUNIDAD: ESCUELA DE CARIDAD

La vida cenobítica como fundamento, verificación y manifestación

de nuestra contemplación

                                                                                                Caecilia Aoki

En el mes de mayo de 1995, la Reunión Regional  de ASPAC y Oriens en la que he participado en calidad de delegado, se ha celebrado conjuntamente y por primera vez en Tobetsu. Participamos en ella 35 personas de 15 nacionalidades, se hablaban 10 idiomas diferentes. A pesar de la dificultad de poder comunicarnos a causa de los distintos idiomas, a mi me daba la impresión de que estábamos unidos; unidos hacia CRISTO, unidos hacia la búsqueda de la unidad y unidos hacia la caridad. Durante esta reunión, he comprendido con más claridad que la unidad y el pluralismo en CRISTO crean una riqueza insondable. En la tradición cristiana, una comunidad forma un Cuerpo de CRISTO. Igualmente la forman, en el mismo sentido, una Región y una Orden. )No es cierto que cuanto más abiertos estemos a los demás más llenos estaremos también de la plenitud de Cristo? Estoy redactando este documento de trabajo como si en realidad fuese uno de los miembros de la región ASPAC-Oriens, pensando que los demás redactores y la redactora equili bren mi pobreza con su riqueza. Pero esto no es más que una reflexión personal.

Introducción

“Id, poneros en camino, anunciad que el Reino de Dios está en medio de vosotros”.

Creo que durante la homilía de la Misa de clausura al finalizar el Capítulo General de 1993, el Abad General nos envió con Jesús a nuestras respectivas comunidades y nos dio los tres puntos clave que pueden ayudarnos a reflexionar sobre el tema en cuestión:

1.   El Reino es nuestra “Schola Caritatis”.

2.   La buena nueva que debemos proclamar a nuestros hermanos y hermanas es la utopía; el cenobitismo que madura para convertirse en mística

3.   No somos eremitas en comunidad, sino cenobitas en el desierto.

¿Qué quieren decirnos estas indicaciones del Abad General?

La realidad de nuestra comunidad, es el lugar de la misión donde debemos vivir nuestro propio evangelio y sobre el que se funda, se justifica y manifiesta la vida de desierto de cada uno.

¿Es qué nosotros, monjes y monjas, evangelizamos más “estando” que “haciendo”? Nuestra propia vida consagrada es un medio privilegiado y eficaz de evangelización como dice el Abad General en su carta de 1992. Nuestra misión sería un éxito si todos nos reconociesen como discípulos de JESÚS al ver el amor que nos tenemos entre nosotros. Para llevar a buen fin esta misión en la escuela de caridad, me gustaría hacer una reflexión que fuese la confirmación de los tres puntos que cito más adelante sobre nuestra vida contemplativa.

1.    ¿Fidelidad a la vocación y a la misión: ad quod venisti? (¿A qué has venido?)

2.    Fidelidad a la Regla de San Benito.

3.    Fidelidad a los principales fundamentos de nuestra vida contemplativa.

      a) La lectio divina

      b) La Eucaristía

1. Fidelidad a la vocación y a la misión : ¿Ad quod venisti? (RB.60.3)

Cada uno de nosotros ha sido llamado a una determinada comunidad por el designio y la predilección de Dios, encargándole una misión propia y otorgándole unos dones para formar un Cuerpo en CRISTO. Por esta razón cada uno de nosotros debe hacer partíci pes a los demás de los dones que ha recibido de la multifor me gracia de Dios; y por otra parte, es invitado a progresar en la vida monástica y llegar poco a poco a la estatura de CRISTO en toda su plenitud, supliendo esta insuficiencia con los dones de los otros hermanos de la comunidad (cf. C. 14 y 45).

Sabemos perfectamente con que celo han querido vivir los Padres del Cister “la etimología de su nombre, (cf.EP 15.6) Todos los documentos primitivos del Cister nos indican el ideal, la resolución y la realización animosa de nuestros primeros Padres: llevando el nombre de Carta de Caridad, su documento jurídico por excelencia declara su deseo de buscar únicamente la caridad y la utilidad de las almas tanto en las cosas divinas como en las humanas. (cf.CC prol.4)

El P. L.Bouyer expresa así el ideal de nuestros Padres:

“El fin, siempre presente ante ellos, es no el ideal de una vida de comunidad observante, edificante por su orden y puntualidad, sino el ideal de cada uno consigo mismo y de cada uno con  Dios que, por su parte, debe buscar y encontrar”. (La espiritualidad del Cister. Flammarion 1955, pág. 244).

San Benito pide al postulante que desea entrar en la vida monástica; si revera Deum quaerit. No sólo que la busque, sino que la busque VERDADERAMENTE. Nos pide, también, vivir bajo la mirada de Dios. Para él, me parece a mí, es el recuerdo de esta mirada, de la presencia de Dios, lo que mantiene al monje en su deber. (cf.RB 4,49; 7,13, 14, 27; 19,1. C. 19; 20; 22)

La conferencia del Abad General durante el sínodo de los Obispos sobre la vida religiosa resume todo lo que hemos dicho:

“El monje es un cristiano que consagra toda su vida a la búsqueda y al encuentro de Dios. Es algo que el monje tiene en común con los demás cristianos. No es el único en buscar a Dios, tampoco pretende hacerlo mejor que los otros. Pero el monje se siente llamado a hacer de esta búsqueda un absoluto en su vida. Por eso busca a Dios verdaderamente, frecuentemente, constantemente, no busca más que a Dios, ni nada además de Dios y no pasa de Dios a otra cosa”.

Al ser la búsqueda de Dios, el sentido y el último fin de su existencia, su vida es de una gran simplicidad (simplicitas). Esta simplicidad, es decir el hecho de tener una sola preocupación, un sólo fin, es el sentido primordial y el más profundo del término: MONACHOS.

Si permanecemos fieles a esta vocación realizaremos el papel del AMOR en la Iglesia, permaneciendo en su CORAZÓN por nuestra vida consagrada.

2. Fidelidad a la Regla de San Benito

“Siguiendo a los primeros Padres de la Orden, vemos en la Regla de San Benito la interpretación concreta del Evangelio para nosotros.” El Capítulo General de 1969 lo dice en la Declaración de la Vida Cisterciense.

(Para nuestros Padres Cistercienses), “la Regla no es un documento que tomamos como referencia, es la vida que vivimos, quizás casi tan importante como las Escrituras.” (P. Charles Dumont. La relectura de la RB. Sabiduría Ardiente. pág. 116)

Cada página del Exordium Parvo nos confirma lo que hemos dicho anteriormente.

 (¿Y nosotros? ¿Somos tan fieles como nuestros primeros Padres a la Regla de San Benito? ¿La amamos? )Conocemos la personalidad de San Benito? )Nos esforzamos por escuchar su “corazón” más allá de las palabras? )Podríamos llamarle como san Elredo “padre nuestro” (cf. 1er. y 20sermón en la festividad de San Benito)? ¿Qué nos enseña la Regla para nuestra reflexión que busca crear un clima fecundo en la vida cenobítica?

EX: el capítulo 72

El capítulo 72, se refiere a las relaciones entre los hermanos y nos conduce a las de los hermanos con Dios.

– Se anticipen a honrarse unos a otros.

– Que se soporten con la mayor paciencia sus debilidades tanto físicas como morales.

– Que se obedezcan a porfía unos a otros.

– Que nadie busque lo que le parezca útil para él, sino más bien que lo sea para los otros.

– Que practiquen desinteresadamente la caridad fraterna.

– Que amen a su abad con afecto sincero y humilde.

– Que no antepongan absolutamente nada a Cristo.

Dicen que “este capítulo es como la utopía de la Regla de San Benito… Jamás se podrá realizar y vivir, pero siempre debemos de tratar de realizarlo y vivirlo” (P. Bertrand Rollin, Vivir hoy la RB, 1991, pág. 43).

)No podemos decir que sea una utopía, parcialmente realizable, si tenemos fe y cooperamos con el Señor hasta ofrecer nuestra propia sangre como sugiere Dom Bernardo en la homilía de la Misa de clausura, 1993? Conocemos bien el momento de la elección que ha hecho Jesús en Getsemaní cuando dijo: “No se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú” (Marco 14,36).

“Mientras que la sociedad fomenta la independencia, la auto-realización, el triunfo individual, el Evangelio exige personas que como el grano de trigo, sepan morir a sí mismas para que renazca la vida fraterna” dice el documento de CIVCSVA.

EX. capítulos 23 al 30, especialmente el 27:

“El código penal de la Regla ” y los capítulos que son sin duda los menos actuales.

¿Qué nos dicen estos capítulos para nuestra SCHOLA CARITATIS?

Son, en efecto, los que ponen en su lugar toda una serie de reacciones contra todo lo que podría amenazar la vitalidad más profunda de la comunidad: su dinamismo hacia la caridad.

Se dice igualmente que en este capítulo, puede percibirse el espíritu de San Benito, un espíritu profundamente evangélico: la aceptación concreta y humilde de la miseria humana (Vivir hoy la RB, pág. 175; Sabiduría Ardiente, pág. 131).

¿No podríamos leer estos capítulos de una manera realista en el contexto de la búsqueda de la unidad y en el contexto conversión de toda actitud que fuese un obstáculo para la comunión?

EX. Capítulo 7

San Bernardo nos muestra un croquis de nuestra utopía:

“Pero observa que fuiste creado a imagen y semejanza de Dios: has perdido la semejanza y eres como los animales, pero sigues aún con la imagen. Si cuando estabas tan alto no comprendiste que eras barro, ahora que estás en el fango no olvides que eres imagen de Dios, y sonrójate de haberle añadido otra semejanza tan extraña. Recuerda tu nobleza y confúndete de tal bajeza. Contempla tu belleza y te horrorizará tamaña vileza” (Var. 12,2).

Si la humildad consiste en reconocer lo que somos, como dice el Abad General (Carta de 1992), no tenemos que aprender a conocernos, comprender nuestra miseria, justamente es hacer aprendiza je de la humildad subiendo los tramos que San Benito nos propone (cf La teología mística de S. Bernardo, 1986, pp. 78-107).

¿Nos ayuda la relectura de la Regla en nuestra vida cenobítica?

3. Fidelidad a los principales fundamentos de nuestra vida contem plativa

a) La lectio divina

 Nuestros dos Abades Generales están convencidos de ello:

“Si efectivamente logramos ser fieles a la práctica de la Lectio, producirá efectos de alcance sobre nuestra vida monástica, y la dimensión contemplativa de nuestros monasterios se enriquecerá con ellos” (Carta circular de Dom Ambrosse, 1978, y de Dom Bernardo, 1993).

Lo que nos falta es practicarla según el consejo de San Bernardo:

“Si no queremos buscar inútilmente al Señor, busquémosle verdaderamente, busquémosle frecuentemente, busquémosle constante mente. No busquemos nada en lugar de él, nada juntamente con él, ni lo cambiemos por ninguna otra cosa” (Var. 37).

A continuación encontraremos un modelo perfecto de la lectio divina practicado por nuestro Padre Benito:

“San Benito fue ante todo un hombre de Dios. Ha llegado a esto viviendo, de una manera constante, el sendero de las virtudes evangélicas. Fue un verdadero peregrino del Reino de Dios…En esta peregrinación le acompañó durante toda su vida una lucha: en primer lugar una batalla consigo mismo para combatir al ‘hombre viejo’ y dejar lugar para el ‘hombre nuevo’…

Hombre de Dios, Benito fue por releer continuamente el Evangelio, no sólo por el hecho de conocerlo, sino también por el hecho de aplicarlo por completo a lo largo de toda su vida. Podría decirse que lo releyó en profundidad- con toda la profundidad de su alma- y que lo releyó en toda su amplitud, como la dimensión del horizonte que tenía ante sus ojos. Este horizonte era el del mundo antiguo, a punto de morir y el del mundo nuevo en trance de nacer. Tanto en la profundidad de su alma como en el horizonte de este mundo afianzando todo lo que constituye el Evangelio en cada una de sus partes, cada uno de los pasajes que la Iglesia lee en su liturgia, e incluso cada una de sus frases.

Si, el hombre de Dios – Benedictus, el Bendito, Benito – se empapa con toda la simplicidad de la verdad que se contiene en el Evangelio. Y vive este Evangelio. Y viviéndolo se evangeliza” (Discurso en Subiaco de S.S. Juan Pablo II, 1980).

b) La Eucaristía

Ante todo, una presentación sencilla de la Eucaristía según el Catecismo de la Iglesia Católica.

* LA INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA:

– “El Señor habiendo amado a los suyos, los amó hasta el fin. Sabiendo que había llegado la hora de partir de este mundo para retornar al Padre, en el transcurso de una cena, les lavó los pies y les dio el mandamiento del amor. Para dejarles una prenda de este amor, para no alejarse nunca de los suyos y para hacerles partíci pes de su Pascua, instituyó la Eucaristía como memorial de su muerte y de su resurrección.” (1337)

– “La Eucaristía es el memorial de la Pascua de CRISTO: es decir de la obra de salvación realizada por la vida, la muerte y la resurrección de Cristo, obra que se hace presente por la acción litúrgi ca” (1409).

* LA PRESENCIA DE CRISTO:

– “CRISTO JESÚS… está presente de múltiples maneras en su Iglesia… Pero, sobre todo, está presente bajo las especies eucarísticas” (1373).

– “La presencia del verdadero Cuerpo de CRISTO y de la verdadera Sangre de CRISTO en este sacramento” (1381).

* EL BANQUETE PASCUAL:

-“Tomad y comed todos de él”: La comunión (1384 – 1390).

* EL FRUTO DE LA COMUNIÓN:

– “Recibir la Eucaristía en la comunión da como fruto principal  la unión íntima a CRISTO JESÚS” (1391).

– “Los que reciben la Eucaristía se unen más estrechamente a CRISTO. Por ello, CRISTO los une a todos los fieles en un solo cuerpo: la Iglesia” (1396).

En este contexto, me gustaría ofrecer una reflexión meditativa en el contexto de nuestro tema.

Jesús nos ha prometido estar con nosotros hasta el fin de los tiempos (Mat.28, 20). Afirmar esta promesa del Señor especial mente celebrando la Eucaristía, en su celebración  el Señor se hace presente entre nosotros. Y nos reencontramos con:

– Jesús que ora…

– Jesús testimonio de compasión…

– Jesús que escucha…

– Jesús que perdona…

– Jesús que obedece…

– Jesús que tolera…

– Jesús que sufre…

)No oímos cada día la oración de JESÚS antes de su pasión?

“Que todos sean uno… como nosotros somos uno, yo en ellos como tú en mí, para que consigan la unidad perfecta. Y por ellos me consagro…” (Jn. l7, 21-23; 19).

¿No escuchamos la voz de JESÚS en la cruz?

“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 24).

“Tengo sed” (Jn. 19. 28).

Antes de recibir el pan y el vino consagrados )no escuchamos la voz de JESÚS que nos pregunta “)me amas?”.

¿No le respondemos como Simón Pedro con cierto temor diciéndole?:

“Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo” (Jn 21,17).

Por eso confesamos antes de la comunión:

“Señor, no soy digno de que entres en mi morada…”

JESÚS nos da su presencia sacramental a cada uno de nosotros que somos perdonados infinitamente por su amor sin medida.

“Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y Yo en él” (Jn. 6,56).

JESÚS para que nosotros le comamos mezcla su Carne y su Sangre a nuestra carne y a nuestra sangre. Nos transforma poco a poco en otro CRISTO: paradoja del Evangelio.

Al final de la Misa, JESÚS nos envía (misión) y nos confía un encargo:

“Os doy un mandamiento nuevo: amaos los unos a los otros, como yo os he amado” (Jn 13,34).

A todos los que han asistido a la Comida del Señor se les pide una sola cosa: Amar como JESÚS nos ha amado a cada uno de nosotros, haciendo lo mismo que EL. Por parte de JESÚS nos ha entregado todo lo que posee para ayudarnos y sostenernos: su Cuerpo, su Sangre, su Espíritu y su Madre.

Conclusión:

En los próximos Capítulos Generales, nos van a seguir invitando a reflexionar sobre la realidad de nuestra vida cenobíti ca. El que logremos la evangelización de nuestra vida cotidiana, creo yo que depende principalmente de la fidelidad a la Vida Cisterciense a la que cada uno hemos sido llamados (cf. C. 31; Carta del Soberano Pontícipe, 8 de diciembre 1968).

Como bien sabéis, todas las cartas circulares del Abad General están escritas en el contexto del Evangelio de la Escuela de caridad.Y la relectura atenta de esas cartas podría ser la mejor preparación para nuestro tema. Además, tenéis el documento de trabajo publicado por CIVCSVA.

Y mientras nos preparamos, si tenemos consciencia de nuestra falta de amor, se nos invita a seguir al Abad General y diciendo con él: “perdóname por no haber amado, una vez más retomo el camino de la conversión.” Hasta el punto de poder decir con todo el corazón; “que CRISTO haga que alcancemos todos juntos la vida eterna!”.

Quiera Dios que, con su cumplimiento, los hermanos y las hermanas, bajo el impulso del Espíritu Santo y animados por la caridad fraterna y la fidelidad a la Iglesia, con la ayuda de la Bienaventurada Virgen María, Reina del Cister, corran gozosos a la plenitud del amor (C. 86).

                                                                                                                 Hermana Caecilia AOKI

                                                                                                                                        Tenshien

10 julio, 2009

La Comunidad: Escuela de Caridad

LA COMUNIDAD: ESCUELA DE CARIDAD

La vida cenobítica como fundamento, verificación y manifestación

de nuestra contemplación

                                                                                                                                 Caecilia Aoki

 

En el mes de mayo de 1995, la Reunión Regional  de ASPAC y Oriens en la que he participado en calidad de delegado, se ha celebrado conjuntamente y por primera vez en Tobetsu. Participamos en ella 35 personas de 15 nacionalidades, se hablaban 10 idiomas diferentes. A pesar de la dificultad de poder comunicarnos a causa de los distintos idiomas, a mi me daba la impresión de que estábamos unidos; unidos hacia CRISTO, unidos hacia la búsqueda de la unidad y unidos hacia la caridad. Durante esta reunión, he comprendido con más claridad que la unidad y el pluralismo en CRISTO crean una riqueza insondable. En la tradición cristiana, una comunidad forma un Cuerpo de CRISTO. Igualmente la forman, en el mismo sentido, una Región y una Orden. )No es cierto que cuanto más abiertos estemos a los demás más llenos estaremos también de la plenitud de Cristo? Estoy redactando este documento de trabajo como si en realidad fuese uno de los miembros de la región ASPAC-Oriens, pensando que los demás redactores y la redactora equili bren mi pobreza con su riqueza. Pero esto no es más que una reflexión personal.

 

10 julio, 2009

La Mujer Vestida de Sol – Merthon

LA MUJER VESTIDA DE SOL

 

Todo lo que se ha escrito sobre la Virgen Madre de Dios me demuestra que su santidad es la más escondida de todas. A veces, lo que se afirma sobre ella nos revela más sobre quien lo dice que sobre Nuestra Señora. Pues, como Dios nos reveló muy poco acerca de ella, los seres humanos, que apenas saben quién y qué fue la Virgen, tienden a revelarse a sí mismos cuando tratan de añadir algo a lo que Dios dijo sobre ella.

Y lo que sabemos sobre María tan sólo hace que la cualidad y el carácter verdaderos de su santidad parezcan más escondidos. Nosotros creemos que su santidad fue la más perfecta después de la de Cristo, su Hijo, que es Dios. Ahora bien, la santidad de Dios no es más que oscuridad para nuestras mentes. Sin embargo, la santidad de la Bienaventurada Virgen maría es, de algún modo, más oculta que la santidad de Dios: porque Él al menos nos dijo algo acerca de Sí mismo que es objetivamente válido cuando se expresa en lenguaje humano. Pero sobre Nuestra Señora sólo nos dijo unas pocas cosas importantes –y ni siquiera podemos comprender plenamente lo que significan. Pues todo lo que nos dijo sobre el alma de la Virgen se resume en esto: que estaba absolutamente llena de la más perfecta santidad creada. Pero no tenemos ningún medio seguro de conocer lo que esto significa en detalle. Por consiguiente, la otra cosa que conocemos acerca de ella es que su santidad está sumamente escondida.

10 julio, 2009

Padres cistercienses

1. Balduino de Ford 

(Del tratado X. Col. Padres Cistercienses n. 14, Azul – Argentina 1989, pp. 209-210).

Que tu amor por mí sobrepase la cima de tu corazón.


    Tómame como modelo y ayuda para amar pura y sinceramente; como modelo y ayuda para obrar bien y sufrir con fortaleza. Ponme sobre tu corazón, sobre todo lo que piensas, lo que amas, lo que brota del corazón; de modo que pospongas todo lo que te es querido y me superpongas siempre a mí y me ames siempre más; no sólo aquello que está fuera de ti, sino más aún lo que está dentro de ti. Finalmente más que a ti, para que te ames a causa de mí, y no sólo a mí, a causa de ti. Que tu amor por ti, de conformidad conmigo, esté en la cima de tu corazón, y que tu amor por mí sobrepase la cima de tu corazón. Puesto que “la prueba del amor es mostrarlo por las obras” (San Gregorio Magno) ponme sobre tu brazo. De tal modo que si luchas, si te ejercitas en obrar por mí, obres a partir de mí. Que yo sea tu esperanza, tu confianza tu fortaleza, tu paciencia. Que me digas: Señor, eres mi esperanza, desde mi juventud (Sal 70,5). Que me digas: Yo te amo, Señor, mi fortaleza (Sal 17, 1).