19 de Agosto Beato Guerrico, abad cisterciense          Siendo canónigo de Tournai se hizo monje de Claraval. Educado bajo el magisterio de San Bernardo, fue elegido abad de Igny sucediendo al beato Humberto que fue el primer abad. Afectado gravemente por muchos achaques y enfermedades, mostró una gran fortaleza de ánimo. Cultivó un tierno amor a Jesús y a su Madre. Compuso bellísimos sermones, llenos de profunda doctrina. Murió el año 1157. Del común de Monjes. VIGILIAS SEGUNDA LECTURADe los sermones del Beato Guerrico, abad.$(Sermón 54, nn. 2 y 3. Col. Padres Cistercienses n. 10, Azul – Argentina 1983, pp. 464-466).

Crezcamos en oración

          El Esposo, hablando a la Esposa, insinúa que en la asamblea de sus compañeros y amigos, es decir, en la Iglesia de los santos conviene escuchar su voz: Tú que habitas en los jardines, los amigos te escuchan, hazme oír tu voz.         Vosotros sois -si no me engaño- los que habitáis en los jardines, los que día y noche meditáis la ley del Señor. Cuan-tos libros leéis, otros tantos jardines recorréis; cuantas máximas elegís, otros tantos frutos recogéis. ¡Bienaventurados aquellos para quienes han sido reservadas las palabras tanto de los profetas como de los evangelistas y apóstoles, a fin de que cada uno de vosotros pueda decir lo mismo que la Esposa al Esposo: Todos los frutos nuevos y añejos los he guardado para ti, Amado mío.
Escrutad, pues, las Escrituras. No sin verdad pensáis tener la vida en ellas, vosotros que no buscáis en ellas sino a Cristo, del cual dan testimonio las Escrituras: Bienaventurados quienes escrutan sus preceptos y lo buscan de todo corazón. Tus preceptos, Señor, son admirables; por eso los escruta mi alma. Es necesario escrutarlas no sólo para extraer el sentido místico, sino también para beber el sentido moral. Por eso vosotros, que recorréis los jardines de las Escrituras, no queráis negligente y ociosamente pasar de modo superficial sobre ellas; escrutando cada cosa como abejas diligentes que sacan miel de las flores, recoged el espíritu en las palabras. Porque mi espíritu, dice Jesús, es más dulce que la miel, y mi herencia más que el panal de miel. Así, habiendo gustado el sabor del maná escondido, prorrumpiréis en aquellas palabras de David: ¡Qué dulce tu palabra a mi paladar, más que la miel y el panal a mi boca!

El Esposo -si no me engaño- os trasladará entonces de estos jardines a otros donde el reposo es más íntimo, el deleite más feliz, la vista más admirable. Cuando estéis aplicados a sus alabanzas con cantos de alegría y acción de gracias, él os arrebatará al lugar del tabernáculo admirable, hasta la casa de Dios, hasta la luz inaccesible donde él habita, donde se alimenta y sestea a mediodía. Porque si la devoción de quienes salmodian y oran tiene algo de aquella piadosa curiosidad de los que preguntaban: Maestro, ¿dónde habitas?, pienso que merecerán escuchar [al Señor que los invita]: “Venid y ved”. Fueron ellos, dice el Evangelio, y vieron, y permanecieron con él aquel día.         Mientras estamos ante el Padre de las luces, en quien no hay cambio ni sombra de mudanzas, ignoramos la noche y sólo disfrutamos de un día bienaventurado. Cuando salimos de allí, volvemos a nuestra noche. ¡Pobre de mí!, ¡cuán pronto se deslizaron mis días, cuán presto me sequé como la hierba, yo, que, mientras permanecí con él en el jardín, reverdecí y florecí como paraíso de Dios! Con él soy un jardín de delicias; sin él, un lugar de horror y vasta soledad.

A mi modo de ver, el que entra en aquel jardín se convierte también él en un jardín y su alma se asemeja a un jardín bien regado. El Esposo la alaba entonces, diciendo: Jardín cerrado eres, hermana mía y esposa. ¿Acaso no son un jardín aquellos en quienes se realiza lo que el mismo jardinero dijo a la plantación hecha por su Padre? Escuchadme, exclama [la Sabiduría], frutos de Dios, y fructificad como la rosa plantada junto a las corrientes de las aguas. Esparcid suave olor como el Líbano. Floreced como el lirio, despedid fragancia y echad graciosas ramas.         Señor Jesús, verdadero jardinero, obra en nosotros lo que exiges de nosotros, pues sin ti nada podemos hacer. Tú eres el verdadero jardinero, Creador y a la vez cultivador y guardián de tu jardín que plantas con tu palabra, riegas con tu espíritu y haces crecer con tu poder.

Oración

Tú, Señor, hiciste al beato Guerrico admirable por su doctrina, humildad y constancia en los padecimientos; concédenos, te pedimos, seguir sus enseñanzas y ejemplos en la tierra, para merecer participar de su gloria en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo. ********** + **********

 

19 agosto, 2009

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