Presciencia divina y predestinación

 1. Oh profundidad de la sabiduría y de la ciencia de Dios, qué insondables son sus juicios e irrastreables sus caminos. Porque, ¿quién ha conocido el plan del Señor o ha sido su consejero? Te compadeces, Señor, de quien quieres; eres misericordioso con quien quieres. No es cosa del que quiere o del que se afana sino de ti, Señor, que eres misericordioso. 

2. El vaso de arcilla se escurre de las manos del alfarero, su hacedor, que repite las palabras del Profeta: Si yo lo he modelado, yo lo sostendré. Escapa de las manos de quien lo tiene y lleva, para caer y romperse. Y grita: ¿pero de qué se queja?; ¿quién puede resistir a su voluntad?. Pero ¿por qué me has hecho así?. Así te habla, sabiduría eterna, el barro  de arcilla y barro, vaso de ignominia y de cólera, destinado a su perdición. Tendría que estremecerse y suplicar ante ti, tú que puedes modelar del mismo barro, vasijas de fiesta y vasijas de ignominia. 

3. Las vasijas festivas y de elección, las vasijas de misericordia que destinaste para la fiesta, no hablan así. Te reconocen como a su creador y alfarero. Ellos están en tus manos como arcilla compacta. Ay si cayeran, se romperían en mil trozos y volverían a la nada. Lo saben; por eso no se vuelven infieles a tu gracia. 

4. Misericordia, Señor, misericordia. Tú, nuestro alfarero; nosotros, el barro. Todavía estamos en cierta medida unidos a ti. Aún nos soportas con tu mano poderosa. Todavía dependemos de tres de tus dedos: la fe, la esperanza y la caridad. En ellos se apoya la mole de la tierra; la resistencia de tu santa Iglesia.Misericordia, sostennos para no caernos de tu mano. Quema las entrañas y el corazón con el fuego de tu santo Espíritu; y afianza lo que ya has cumplido en nosotros para que no le estropeemos y nos volvamos al barro y a la nada. 

5. Nos creaste para ti. A ti se dirigen nuestros pasos. Te reconocemos nuestro creador y modelador. Invocamos y adoramos tu sabiduría en la disposición de todo; tu bondad y misericordia, en su mantenimiento y conservación. Afiánzanos, tú que nos has hecho. Afiánzanos hasta la forma perfecta de tu imagen y semejanza, pues conforme a ella nos creaste. 

6. La vasija de barro y destinada al barro te habla como el que te increpa y cae: ¿Por qué me has hecho así?. La vasija de fiesta no habla así. Cree de corazón para la justicia; en vista a su salvación confiesa que tú eres bueno y que hiciste bien todas las cosas, a unos para la fiesta y a otros para la ignominia. A todos les dotaste de libre albedrío para que fuesen capaces de comportarse sin estar coaccionados por la necesidad. Con una voluntad libre logran el propio mérito de la virtud. Porque la virtud consiste en el espontáneo asentimiento de la buena voluntad hacia el bien. 

7. En tu conocimiento absoluto sabía de antemano, sabiduría eterna, cómo se serviría cada cual del libre albedrío; cómo se decidiría el propio destino y el de las demás cosas; y que tu gracia estaría a disposición de quien no la malograra. Tu presciencia no coacciona a las criaturas a ser lo que deben ser, como si necesariamente tuviese que ser así. Antes bien, porque deben ser de una manera concreta las conoces tú antes de que existan. En modo alguno tu presciencia puede engañarse. Tu presciencia, Señor, es tu misma sabiduría que eternamente coexiste contigo, incluso aunque no existiese criatura alguna. En ella están desde toda la eternidad las causas de todo lo que se hace en el tiempo y el conocimiento de la criatura que será creada en su debido momento. 

8. Todo esto para ti no era futuro, porque ya era vida en tu Verbo, consubstancial a ti mismo, y por quien ha sido hecho todo cuanto se ha creado. De la misma manera que existían en Él como había de ser más tarde, así serían porque en Él eran ya vida. Pero vida que no fuerza a ser de una determinada condición; sino que existen en Él porque así habían de ser. Entonces ¿qué diremos? ¿El modo futuro y temporal de su ser, va a ser la causa de su ser eterno en Dios? Pues si no aparecen en el tiempo parece como si no pudieran existir eternamente en el Verbo de Dios. Tu ciencia o tu presciencia, Señor, son tu misma verdad, que declara: Yo soy la Verdad. Y como tú, Señor, por el hecho de conocer de antemano no coaccionas al futuro, tampoco queda coaccionada tu presciencia por el futuro. Para ti, ni lo pasado ni lo futuro cuentan; tú eres siempre lo que eres. Lo demás, pasado o futuro, es vida en tu Verbo. 

9. Los malvados merodean. Hombre, escapa de la órbita del error hacia el centro de la verdad. La vasija vuelve a su mismo barro sin forzarle la presciencia de Dios, que no ignoraba la manera como debía ser. Más bien, sabiendo de antemano que había de ser de este modo, le predestinó a la ruina. 

10. La presciencia de Dios es su bondad, que desde toda la eternidad se ofrece a todos, aunque no todos la acojan. Unos la reciben; otros la rechazan. Pero en nada afecta a la presciencia divina que, como se ha dicho, en cuanto bondad de Dios se encuentra en eterna disposición de comunicarse a todos, aun sin existir criatura alguna. Esta bondad es el Espíritu Santo, eterno con el Padre y el Hijo. Por eso, en la creación del mundo el Espíritu del Señor se cernía sobre las aguas, esto es, se ofrecía, se prodigaba a todos haciendo el bien y facilitando lo útil. Es lo propio del Espíritu Santo. Pero también ahuyentaba al alma perversa, en quien no tiene acceso la sabiduría. 

11. Por eso, el conocimiento anticipado de Dios sobre la criatura con respecto a Dios se llama presciencia; con respecto al hombre, predestinación. El mismo es a la vez elección y reprobación. De donde no me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros. La predestinación es la preparación de la gracia. La gracia, su efecto. Evita  indagar el por qué uno es elegido y otro reprobado si no quieres disparatar. 

12. La soberbia del hombre no se oculta a la presciencia de Dios. No escaparás a su providencia por la que eres predestinado al castigo reservado a los soberbios. Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes. La soberbia es el merecimiento y el signo de la reprobación. La humildad en cambio es el merecimiento y el signo de la elección. Que proteste si quiere la vasija de barro: ¿Por qué me has hecho así? Es decir, ¿por qué me has predestinado a la ruina?. La Verdad le responderá: Me expresaré como lo haces tú: Sabía de antemano que habías de ser una vasija de cólera, dispuesto para la ruina; que serías un insensato que no querías saber nada de tu salvación; y un soberbio que se mofaría de las humillaciones. Es suficiente. Irás sin remedio a la perdición. No puedes oponerte a mi voluntad, que derrama su misericordia sobre quienes se reconocen miserables. Los poderosos serán duramente atormentados en su iniquidad. Yo sólo quiero compadecerme de los humildes. Pus me compadezco de quien quiero. 

13. Continúan las protestas: Entonces, ¿por qué no me has dado la humildad? Te di lo más, el libre albedrío; y de él te has servido para llegar a ser poderoso en malicia. Has preferido el mal al bien. Aún más, me has inculpado tus perversiones intentando acusarme con tus mismas excusas. No consientes que tu iniquidad te provoque una santa indignación. Irás a tu lugar, vasija de cólera, dispuesto a la perdición. 

26 agosto, 2009

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