Recuerda que eres polvo, y al polvo has de volver. Monje, ¿cómo es posible que te hayas descuidado tanto, que has olvidado tu propia contingencia? ¿Acaso te sedujeron los halagos del mundo?, ¿olvidaste, tal vez, tu propia consagración al Señor como meta única de tu existencia? El Señor es bueno y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad. Vuélvete a él, no sea que en tu descuido te sorprenda la muerte, y no tengas entonces tiempo de convertirte.

25 marzo, 2016

Apotegmas de un monje a sí mismo

Recuerda que eres polvo, y al polvo has de volver. Monje, ¿cómo es posible que te hayas descuidado tanto, que has olvidado tu propia contingencia? ¿Acaso […]