“SER MONJE” -MEDIOS- CAPITULO PRIMERO: El Padre Espiritual en la Tradición Monástica Oriental Antigua | Monasterio Cisterciense Sta. Mª de Las Escalonias
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“SER MONJE” -MEDIOS- CAPITULO PRIMERO: El Padre Espiritual en la Tradición Monástica Oriental Antigua

Se comprueba una gran homogeneidad de pensamiento sobre el papel del Padre Espiritual entre los monjes de Egipto, de Siria, del Sinaí, de Athos, durante todo el periodo entre los siglos IV al XIV.

1. La consulta al anciano (érotesis) Una consulta espiritual no es gestión objetiva como la que puede encontrarse en un manual de teología moral o un tratado de casuística, es una relación personal entre consultado y consultor. El consejo del Padre Espiritual se fundamenta en el conocimiento personal del discípulo, su propia experiencia de Dios y la responsabilidad ante Dios por el alma del novicio.

2. La apertura de conciencia (Exagorusis) Exige una total y absoluta confianza y familiaridad, actitud reciproca que haga sentirse a gusto a loa dos interlocutores. El discípulo confiesa sus debilidades y sus luchas, mientras que el anciano espiritual tratara de instruirle para su progreso y bien, con la ayuda de Dios. La vida espiritual es algo rigurosamente personal y la uniformidad de una observancia podría matar una vida espiritual.

3. El peligro de no revelar los pensamientos a un anciano (Asiopeton): No tengas vergüenza en comunicar a tu superior todos tus pensamientos que te hacen la guerra y te sentirás aliviado, pues no hay nada que alegre tanto a los demonios como un hombre que calla sus pensamientos a su Padre espiritual, sean buenos o malos.

4. ¿Qué cualidades debe tener El Padre espiritual? (Pneumatophoros, diacritos): Debería ser un hombre de Dios, alguien que es portador del Espíritu y al que El Espíritu lo lleva. Que es habitado por El Espíritu y que El Espíritu lo posee. Todos los grandes maestros han comenzado por ser grandes discípulos en la humildad y discreción. Igualmente a de ser perspicaz hasta el punto de leer lo que hay en las mentes y en los corazones. Otra cualidad debe ser la misericordia. El Padre espiritual se preocupara siempre de su discípulo aún cuando se extravíe y sea ingrato. San Basilio indica una serie de características que deberán acompañar al Padre espiritual: Inmutable, desinteresado, insobornable, desocupado, disponible, sin cólera, dulce, apacible, de humor igual, sin rencor ingratitud o celos, sin vanagloria, que no se hace notar, que no busca aparentar, que no busca clientela.

5. La tentación de ser Padre Espiritual (Kenodoxia): Casiano, dando una descripción caricaturesca del monje afectado de acedia, subraya su deseo de enseñar a los demás: Se queja constantemente de que no aprovecha en la virtud estando tanto tiempo en la celda, y suspira murmura y se duele diciendo que mientras viva en compañía de tales monjes no sacará fruto alguno. Se tiene por persona de consideración que podría gobernar a otros y aprovechar a muchas almas, y no le ha sido posible todavía formar a nadie o ganárselo para sí con su doctrina.

6. La pluralidad de los padres espirituales, o la búsqueda del padre espiritual perfecto. A menudo esperamos de un Padre espiritual lo que no puede darnos, y algunas veces no buscamos en él lo que nos podría dar. Lo importante no es tener un Padre perfecto, sino ser un hijo bueno. Los ideales no existen, solo en la fantasía de la mente. La necesidad de cambiar de Padre espiritual es una tentación.

7. Las exigencias inexorables de los Padres del desierto: La obediencia incondicional (Adiacritos upakoe). Estas exigencias parecen excesivas para nuestros espíritus independientes “Libres”, que valoran el sentido de ser persona. Pero, ¿qué sentido tiene toda esta ascesis casi pelagianista? La renuncia de si mismos alejando todo placer y satisfacción personal, el exterminio del “YO”.

– CAPITULO SEGUNDO: La lectio Divina

1. El hombre moderno lee deprisa. La civilización moderna exige rapidez, incluso en la lectura, porque esta lectura es “informativa”: aspira a saber un máximo de cosas en un mínimo de tiempo. La Lectio Divina es una lenta asimilación del texto leído, en el cual el hombre intenta encontrar La Palabra de Dios que se dirige a él.

2. El hombre moderno lee para actuar. Se documenta de cara a la acción, su lectura apunta a la eficacia: saber para obrar. La Lectio Divina vale, no por lo que hace adquirir (tener), sino por aquello en que nos transforma (ser).

3. El hombre moderno lee para distraerse. La Lectio Divina no es una lectura para evadirse, sino para comprometerse. Toma cuerpo y se encarna, por así decirlo, en la vida del lector.

4. El hombre moderno se informa y distrae colectiva, no individualmente. Después de la civilización oral en que la información era comunitaria, la civilización escrita, sobre todo después de la aparición del libro, había desarrollado una información individualista. Por los Mass Media la civilización actual reencuentra un tipo de información colectiva (radio, televisión, internet, cine). Leer La Biblia por mera curiosidad espiritual o por espíritu polémico no es Lectio Divina. Leer el periódico discerniendo, a través de los acontecimientos políticos y de los elementos diversos, “Los Signos de Dios” podría ser una Lectio Divina. La Lectio Divina es una lectura solitaria. “La Lectio” no es divina en razón del texto leído, sino en razón de la manera en que este texto es leído. El que no se sumerge en un compromiso en la lectura de La Sagrada Escritura no hará “Lectio Divina” y por tanto tampoco recibirá “Inspiración Divina”.

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