Oración Centrante
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LA TRADICIÓN CONTEMPLATIVA CRISTIANA

    

      La palabra de Dios en la Escritura y encarnada en Jesucristo es la fuente de la contemplación cristiana. La encarnación de la Palabra es la inserción de Dios en la familia humana y la inserción de la familia humana en Dios en la persona de Jesucristo. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son juntos, en una naturaleza, tanto el Misterio último como la Realidad última. Su relación interior de dar y recibir totalmente es la vida divina y Cristo fue enviado para compartirla con nosotros. 

     Los Padres de la Iglesia en sus homilías explicaban frecuentemente las Escrituras desde una perspectiva contemplativa o, como se decía en aquel tiempo, “en el sentido espiritual”. Se consideraba que el sentido espiritual contenía mucho más que una interpretación alegórica de un texto particular.

    Fue san Gregorio Magno quien sintetizó esta tradición a finales del siglo VI. Describió la contemplación como “el conocimiento de Dios que está impregnado de amor”. Según Gregorio, la contemplación era tanto el fruto de la reflexión sobre la palabra de Dios en la Escritura como un don precioso de Dios. Él le dio el nombre de “descanso en Dios”. En este “descanso” la mente y elcorazón no se dedican tanto a buscar a Dios como a tener experiencia de él, “a gustar” lo que han estado buscando. Este estado no es la interrupción de toda la actividad, sino la reducción de muchos actos y reflexiones a un solo acto o pensamiento para mantener el propio consentimiento en la presencia y la acción de Dios en las profundidades del propio ser durante el tiempo de oración.

       La comprensión de la contemplación como el conocimiento de Dios basado en la experiencia íntima de la presencia de Dios permaneció a lo largo de toda la Edad Media. Las prácticas ascéticas (por ejemplo, ayunos, vigilias, soledad prolongada, periodos de silencio, obediencia ascética, simplicidad del estilo de vida) y otras prácticas espirituales (por ejemplo, la meditación discursiva, la oración efectiva, la veneración de iconos, la salmodia, el canto, el rosario) siempre incluían la contemplación como parte de su meta cristocéntrica.

     La lectio divina es la forma más tradicional de cultivar la oración contemplativa. Pilar de la práctica cristiana monástica desde los primeros días, consiste en escuchar los textos de la Biblia como si se conversara con Dios y éste sugiriera los temas del diálogo. Quienes siguen el método de la lectio divina cultivan la capacidad de escuchar la palabra de Dios en niveles de atención cada vez más profundos. La oración espontánea es la respuesta normal a su relación creciente con Cristo y el don de la contemplación es la respuesta normal que Dios les da. La parte reflexiva, la meditación en las palabras del texto sagrado en la lectio divina, se llama Order Disulfiram online meditatio, meditación discursiva. El movimiento espontáneo de la voluntad en respuesta a esas reflexiones se llama oratio, oración afectiva. A medida que esas reflexiones y actos particulares de voluntad se simplifican uno tiende al descanso en Dios o contemplatio, contemplación.

    La meta de la oración contemplativa no es tanto el vacío de pensamientos o de conversación como el vaciamiento del yo. En la oración contemplativa dejamos de multiplicar las reflexiones y los actos de la voluntad. Emerge una forma diferente de conocimiento arraigado en el amor en la que la conciencia de la presencia de Dios suplanta a la conciencia de nuestra propia presencia y a la tendencia habitual a reflexionar sobre nosotros mismos. La presencia de la experiencia de Dios nos libera de hacer de nosotros mismos o de nuestra relación con Dios el centro del universo..

    La oración contemplativa es un proceso de transformación interior, una relación iniciada por Dios, y que conduce, si consentimos en ello, a la divina unión.

    Lo “inconcebible” del camino no significa buy Cytotec cheap meditar en un Dios del que no se puede saber”, sino más bien no meditar en absoluto, descansando simplemente en Dios más allá de nuestras facultades humanas ordinarias de pensar y sentir. Están implicadas diferentes facultades, que de hecho captan un Dios que está presente, pero a un nivel de conciencia más sutil. La enseñanza cristiana tradicional ha dado a esas facultades el nombre de “sentidos espirituales”. 

    Lo “desconocido” para el intelecto racional en la contemplación es un puente importante en el diálogo entre Oriente y Occidente porque nos permite formar un lenguaje común de experiencia sin el cual el diálogo sobre los estados superiores de conciencia es virtualmente imposible.Es también un camino de retorno al cristianismo para muchos cristianos que han ido a Oriente en busca de sabiduría espiritual y al enterarse de que hay una tradición cristiana contemplativa en la que tiene cabida la experiencia de Dios en un nivel más profundo que el de nuestros pensamientos y sentimientos, han sido capaces de retornar a la religión de su juventud.

     Como “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo”, como dice san Pablo, también nosotros, a medida que crece la oración contemplativa, participamos más plenamente en este movimiento de gracia. La presencia divina se convierte en una plenitud que ya no necesita los escalones de los pensamientos, sentimientos y actos particulares, al menos no habitualmente. Una vez que la fe ha revelado el misterio de la humanidad de Cristo, la atención de la persona durante la oración queda absorbida por la presencia de la Persona divina que habita en su interior. Después retorna a la vida diaria con esta conciencia transformada, manifestando los frutos del Espíritu y las bienaventuranzas.

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     La oración contemplativa cuenta con una historia antigua y venerable dentro del cristianismo:

Los Padres del desierto de Egipto, Palestina y Siria, entre ellos Evagrio Póntico, Juan Casiano y san Juan Clímaco, fueron los primeros que practicaron y enseñaron esta forma de oración que tiene representantes en todas las edades. En la edad patrística: san Agustín y san Gregorio Magno en Occidente, y el Pseudo Dionisio y los hesicastas en Oriente. En la Edad Media: san Bernardo de Claraval, Guillermo de St. Theirry y Guido el Cartujo, los místicos alemanes, entre ellos santa Hildegarda, santa Matilde, el Maestro Eckhart, Ruysbroel y Tauler, posteriormente el autor de la Imitación de Cristo y los místicos ingleses del siglo XIV, como el autor de La Nube del No saber, Walter Milton, Richard Holle y Juliana de Norwich. Después de la Reforma: los carmelitas, santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz y santa Teresa de Lisieux; entre la escuela francesa de escritores espirituales: san Francisco de Sales, santa Juana de Chantal y el cardenal Berulle, entre los jesuitas: los padres De Caussade, Lallemont y Surin, entre los benedictinos: Dom Augustine Baker y Dom John Chapman, entre los cisterciences modernos: Dom Vital Lehodey y Thomas Merton. A lo largo de los siglos se han atribuido diferentes nombres a las diferentes formas que han adoptado los modos de cultivar la oración contemplativa. Se habla, por ejemplo, de la oración pura (Casiano), la oración de la fe, la oración del corazón, la oración de simplicidad y la oración de la simple mirada. En nuestro tiempo algunas órdenes religiosas, especialmente los jesuitas y los carmelitas descalzos, han tomado iniciativas para renovar la oración contemplativa de sus fundadores y compartir su espiritualidad con los laicos. El benedictino John Main ha recuperado un método de cultivar la oración contemplativa que él atribuye a Juan Casiano. El método de la oración centrante, basado primariamente en La Nube del no saber del sigo XIV y en la enseñanza de san Juan de la Cruz, es otro intento de presentar la enseñanza de los primeros tiempos en una forma actualizada y de poner un cierto orden y regularidad en ella.

    La esencia de la contemplación es la fe que confía y ama por la cual Dios eleva a la persona humana y purifica los obstáculos conscientes e inconscientes que hay en nosotros y se oponen a los valores del Evangelio y a la obra del Espíritu. La oración contemplativa, en el sentido clásico o estricto del término, es “el camino estrecho que lleva a la vida”. 

THOMAS KEATING  INTIMIDAD CON DIOS”

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