Las ilusiones en la vida espiritual
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UN SIMPLE SACERDOTE
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Con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente

Unicidad de la relación significa, en particular, familiaridad e intimidad con Dios que crecen progresivamente y que precisamente para crecer, tienen necesidad de espacios de soledad. El que ama o quiere amar a Dios con todo el corazón experimenta la exigencia, antes que el deber, de consagrar tiempos cada vez más amplios a estar a solas con él; su camino de búsqueda está cada vez más señalizado por momentos de intimidad con él en los que su tiempo, sustraído a la prisa y a la dispersión, se convierte en lugar de teofanía del amor.

      Gracias a estos espacios la vida se unifica y la búsqueda continúa, extendiéndose a todos los momentos del día. Incluso cuando no se esté a solas ni se pueda pretender estar pensando sólo en Dios. Nuestra vida de creyentes y de apóstoles está hecha de encuentros y de personas que ocupan nuestros días; andamos apresurados a todas horas, no podemos evitarlo. Pero sí que podemos hacer que nuestra actividad se transforme en adoración de aquel que es la fuente de nuestra vida, y nuestra acción se transforme en contemplación, quizá desarticulada y pobre, pero capaz de hacernos reconducir todo a él y de hacernos amar todo en él. Entonces, entre la gente, en el bullicio, en el cansancio … Dios continúa revelándose y haciéndonos sentir su amor, concediéndonos reconocerlo entre la multitud y amarlo en el pequeño, en el pobre, en el hombre corriente. También en estos momentos estamos,  de alguna forma, a solas con él, y nuestra relación con el Dios de la vida continúa siendo central y única.

Amedeo Cencini

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