La Comunidad: Escuela de Caridad
10 Julio, 2009
Reproductor musical
11 Julio, 2009

La Vida Cisterciense

La vida monástica cisterciense es una modalidad de vida cristiana y evangélica de seguimiento de Cristo, en su unión total con el Padre y la entrega total al cumplimiento de su voluntad y la extensión de su Reino, y que se concreta en la práctica en la aspiración benedictina de buscar a Dios, no anteponiendo nada al amor de Cristo, con humildad y perseverancia, confiado y sostenido por la gracia del Espíritu Santo. Y esto en el seno de una comunidad de hermanos, bajo la guía del Padre Abad, que hace las veces de Cristo en el monasterio.

Así concebido, el monasterio aparece como una  Escuela de Caridad, según lo definían los primeros cistercienses, en la que se aprende y vive esa búsqueda de Dios. Respondiendo a la invitación del Señor que lo invita a la Vida verdadera, el monje se entrega del todo, viviendo en la obediencia al abad y a los hermanos. La conversión del corazón le lleva a abrazar cada día, con alegría y gratitud, la ascesis de la humildad, para tender por ella a la gozosa plenitud del amor. La renuncia a sí mismo se encarna en la decisión estable de unirse para siempre a la vida de la propia comunidad monástica.

La oración continua , que da razón de ser a la vida monástica, se expresa en algunos elementos fundamentales:

•  La celebración diaria de la Eucaristía: manantial y plenitud de la vida cristiana, como fuente de la gracia redentora de Cristo, y centro y cumbre de la Liturgia. Por la Eucaristía los monjes se unen indisolublemente con Dios y entre ellos.

•  La alabanza de Dios: En la celebración de la Liturgia de las Horas, la comunidad monástica, en nombre de la Iglesia, alaba y da gracias a Dios, e intercede por toda la familia humana. Con esta oración comunitaria, las horas del día, las vigilias en las que se consagra a la oración el tiempo de la noche, y los ritmos todos del tiempo y las estaciones convergen en la única celebración del misterio de Cristo.

•  El clima de silencio en que se desarrolla habitualmente la vida del monje y de la comunidad, facilita la vigilancia y atención del corazón, y ayuda a permanecer en la memoria de Dios, en una profunda comunión con todos los hermanos, que no se ve limitada, sino profundizada y fortalecida por la sobriedad en el uso de la palabra, que queda reservada para lo verdaderamente necesario.

•  Conocer el misterio de Cristo, la historia de salvación que Dios ofrece a todos mantiene viva la llama del amor y el deseo en el corazón del monje y le mantiene en la perseverancia en la respuesta del don total de sí mismo, gracias a la escucha de la Palabra de Dios y a su meditación, en los tiempos de lectio divina o de diálogo comunitario.

•  La realidad del trabajo , preferentemente manual , permite a la comunidad ganarse el pan y compartir con los que son pobres como ellos; viviendo así auténticamente la ley del trabajo, que equilibra a la persona, le educa en la entrega de sí mismo y es un importante factor de cohesión en la vida de la comunidad y permite llevar un modo de vida que sea, de verdad, pobre, sencillo y austero.

•  María, Madre de Cister: Toda vocación cisterciense se realiza de la mano de la gran discípula y maestra; la Santísima Virgen María, Madre de Cristo y de la Iglesia, a la que están consagradas todas las comunidades cistercienses y cada uno de sus miembros, que la tienen como patrona principal y modelo de consagración a Cristo.

•  Imagen de la Iglesia , la comunidad monástica es lugar de comunión y de oración con todo el pueblo de Dios, sirviéndolo en la humildad y en el secreto del seguimiento de Cristo.

•  El monje se esfuerza por responder con toda su vida y cada día, a la gracia de la salvación operada por Cristo, cargando la propia cruz, para llevar a cumplimiento con Él lo que todavía falta a su muerte y resurrección. En el corazón del misterio de la fe, el humilde sacrificio del monje, vivido en nombre de Jesús, está en la raíz de la vida y de la fecundidad de la Iglesia. La separación del mundo, sin responsabilidades de obras de apostolado, contribuye a la concentración de todas las fuerzas de la persona en la búsqueda de Dios y en el ofrecimiento simple e sin condiciones de la propia vida en las manos del Padre.

Jornada monástica

De acuerdo con el espíritu y la tradición monástica benedictina y cisterciense, nuestra jornada centrada por el ritmo de la oración litúrgica, el trabajo, y el encuentro con Dios en su Palabra en la Lectio Divina, se desarrolla en la alternancia de estas tres actividades esenciales, siempre dentro de un clima de vida fraterno y cenobítico, de acuerdo con el ideal de Cister, a través del siguiente horario

Toda la jornada está organizada buscando favorecer la entrega de toda la persona del monje de forma unitaria y simple a la realización de la voluntad de Dios, como la forma más auténtica de vivir una permanente alianza personal de amor con Él, en el lugar que Él ha preparado para nuestra alegría y salvación.

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