¿Qué es la vocación? Una llamada y una respuesta. Concebir la llamada de Dios como la orden expresa de comprometerse a una tarea concreta en el seno de la gran Iglesia, supone unas condiciones de eficacia. Una eficacia desde el plan de Dios no tiene por qué coincidir con un proyecto humano definido. No obstante, la llamada de Dios recapitula todo lo humano como vehículo de respuesta. En última instancia, se trata de «madurar para ser una misteriosa manera de morir; para que con la muerte comience la tarea».’

A este nivel se sitúan los valores vocacionales. Son algo profundamente humano que cobran un sentido peculiar con el toque de una llamada divina y concreta. Cada valor reclama a su manera un programa integral de vida: «Sé lo que eres desde Alguien que te llama». El valor no existe a la manera de uña cosa. Un valor no se puede demostrar; tampoco es algo puramente subjetivo; no es un sentimiento, ni siquiera una conciencia.

El valor vocacional es un cariz profundamente personal; es una creación singular e incomunicable. Yo diría incluso que los valores son una especie de rostros sucesivos de uno mismo. Y en cuanto tal el valor es un ámbito concreto de equilibrio armonioso y de libertad.’

En el presente folleto se reseñan una serie de valores ligeramente descritos y con contornos algo indefinidos. Presentar un valor netamente contorneado mediante normas y definiciones es poco menos que ofrecer un cadáver; porque contrastaría con su misma naturaleza peculiar de valor, siempre en conformidad con las diferencias entre las personas que lo viven. El material que ofrecemos se presenta más bien a un estímulo de reflexión personal e individual, y a una consiguiente  puesta en común de las diferencias de apreciación, enteramente comprensibles.

Pero ¿es posible una referencia a valores típicos cistercienses? Difícil respuesta. De todos modos la cuestión no estaría bien planteada. Se trata de valores  cristianos que han cristalizado en una tradición monástica; pero eso no quiere decir (fue sean típicamente cistercienses. Lo que ocurre es que un grupo de maestros y maestras de novicios cistercienses nos hemos cuestionado muy en serio sobre la manera (le infirmar a los candidatos desde sus comienzos en lo que es específico cisterciense a través de una tabla de valores.

Lo cisterciense estaría especificado en la vivencia conjunta y simultánea de todos los valores. Remacharíamos incluso, aun a costa de resultar pesados, que cada valor debe presentarse vivencialmente con todos los demás. Pues resulta imposible e inconcebible el vivir de uno sin los otros; o uno con mayor profundidad que otro. También aquí rige la ley de los vasos comunicantes. Por ejemplo: la conversión se vive en obediencia, en pureza de corazón, en silencio. El silencio, en simplicidad, en acogida. La pobreza, en vida común, en liturgia, etc. Es decir, que los valores dependen entre sí; se enriquecen unos con otros, como si la vida de los valores fuese un juego en tablero le ajedrez.¿Vale la pena esta sencilla publicación de los valores? Todos nosotros, maestros de novicios y formadores, sentimos desde hace tiempo una laguna imperiosa, aunque un tanto imprecisa: ¿Cómo iniciar al joven que entabla un primer contacto con el monasterio y que presiente una llamada? ¿cómo esclarecer al candidato en los umbrales mismos de su probación? Problema crucial, y en cierto modo cada vez más apremiante; porque la sociedad actual, de la que el joven procede, ensordece y deshumaniza. ¿Cómo ayudar, pues, a escuchar una voz interior? ¿cómo discernir su sentido? ¿cómo desenmascararla entre posibles contravalores? ¿cómo contribuir a que se vigorice y madure?

Hermanos maestros y maestras de novicios, recoged ya el fruto de vuestra reflexión y trabajo que yo mismo, compañero y colaborador vuestro en este empeño, he intentado expresar y completar en un retoque último que os presento. Completad en vuestras ulteriores reflexiones y diálogos con vuestros candidatos y formandos las deficiencias que aquí encontréis.

Vuestro

Juan M. ° de la Torre

——————————————

1 PIERRE EMMANUEL, La loi de l’Exode, Introducción a J. MO NCHANIN, De l’esthétique á la mystique, Tournai (1967) p. 7.

2 Para el P. Rulla el valor es un idéat-durable y abstracto de una persona que se refiere a formas ideales de conducta, o bien al estado final de la existencia (L. M. RULLA, Psicología profunda y vocación L Las Personas, Madrid (1984) pp. 51-57; 81-84. Personalmente discrepo un tanto de esta visión del valor. Creo que el auténtico valor no es algo abstracto a la persona, como un ideal, sino que más bien es inherente a ella. cfr. X. ZUBIRI, Sobre el hombre, Madrid (1986) pp. 357-358; R. GUARDINI, Libertad, Gracia y Destino, San Sebastián (1954) pp. 83-85.

————————————————–

Con permiso de los superiores © Secretariado de Formación Cisterciense Fotocomposición: Lente – Pamplona Impresión: Gráficas Lizarra, S. L., – Estella Depósito Legal: NA. 820-1987ISBN: 84-398-9670-0

23 Noviembre, 2008

INTRODUCCIÓN

¿Qué es la vocación? Una llamada y una respuesta. Concebir la llamada de Dios como la orden expresa de comprometerse a una tarea concreta en el […]